
El fenómeno de El Niño se fortalece en el océano Pacífico y podría alcanzar, entre octubre y diciembre de este año, una intensidad sin precedentes desde que existen registros comparables, de acuerdo con el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos y con especialistas de la UNAM. El fenómeno podría alterar de manera significativa los patrones de lluvia y temperatura en México, aumentar el riesgo de ciclones intensos en el Pacífico y elevar las temperaturas hasta niveles que la propia UNAM ha descrito como cercanos a los límites de resistencia humana, aunque los especialistas piden evitar términos alarmistas como «Niño Godzilla» o «súper-Niño».
Nacional | 23 de agosto de 2026
Qué es El Niño y por qué preocupa esta vez
El Niño es la fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón natural que se presenta de manera irregular cada dos a siete años cuando las aguas del Pacífico ecuatorial registran temperaturas superiores a lo normal, lo que a su vez debilita los vientos alisios y modifica la circulación atmosférica en buena parte del planeta. El proceso lleva meses en marcha: hacia mediados de mayo, el Pacífico ecuatorial oriental ya registraba temperaturas 1.0 grados centígrados por encima de su promedio histórico. Para que el evento sea considerado de categoría histórica, el Índice Oceánico de El Niño tendría que ubicarse en 2.5 grados centígrados o más por encima de los parámetros climáticos de referencia, un umbral que, según los pronósticos más recientes, existe una probabilidad real de alcanzar.
Cómo han cambiado las probabilidades a lo largo del año
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ha ido ajustando sus estimaciones conforme avanzó 2026. En marzo, el organismo calculaba una probabilidad del 93 por ciento de mantenerse en condiciones neutrales entre marzo y mayo, que subía a 62 por ciento de que El Niño se estableciera entre junio y agosto, y hasta 90 por ciento de que estuviera presente entre octubre y diciembre. Para mayo, especialistas citados por medios como Expansión ya hablaban de una probabilidad del 96 por ciento de que un evento de gran intensidad estuviera activo hacia finales de año. En junio, con el fenómeno ya formalmente establecido en el Pacífico según el propio SMN, la probabilidad de que alcanzara la categoría de «muy fuerte» entre noviembre de 2026 y enero de 2027 se ubicaba en 63 por ciento. Para agosto, la NOAA elevó a más del 90 por ciento la probabilidad de un evento «muy fuerte» durante el otoño e invierno del hemisferio norte, mientras que otros reportes basados en el mismo diagnóstico ubicaban en 69 por ciento la probabilidad de que la intensidad fuera, específicamente, sin precedentes. El fenómeno alcanzaría su punto máximo entre noviembre de 2026 y enero de 2027, aunque sus efectos se prolongarían hasta bien entrado 2027.
Cómo afectaría a México
De acuerdo con el SMN, durante el invierno El Niño suele favorecer temperaturas por debajo del promedio en gran parte del centro y el norte del país, además de un aumento en la frecuencia de frentes fríos; en primavera y verano, en cambio, tiende a propiciar temperaturas más altas, en particular donde exista déficit de humedad, lo que a su vez incrementa el riesgo de incendios forestales. También puede prolongar de manera anormal la canícula, el periodo de disminución de lluvias que ocurre a mitad del verano. En cuanto a ciclones, la NOAA estima una probabilidad del 70 por ciento de una actividad superior al promedio frente a las costas del Pacífico mexicano, lo que eleva el riesgo de inundaciones, aunque los especialistas aclaran que esto no significa que todas las regiones del país vayan a experimentar lluvias extremas ni que cada ciclón formado vaya a tocar tierra. Uno de los efectos que más preocupa a los especialistas es que regiones del norte del país acostumbradas a prepararse para la sequía podrían, en cambio, enfrentar lluvias extremas, mientras que en el sur, estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas podrían ver alterada la intensidad habitual de sus lluvias. Un informe reciente de la UNAM advirtió, además, que las temperaturas asociadas a este fenómeno podrían acercarse a los límites de resistencia humana en algunas regiones del país, por lo que recomendó mantener una hidratación constante y evitar la exposición solar entre las 11:00 y las 16:00 horas, el periodo de mayor radiación ultravioleta.
Por qué es menos predecible que antes
Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que el cambio climático ha alterado las referencias que antes permitían anticipar con mayor precisión los efectos de El Niño, por lo que su comportamiento resulta hoy más difícil de calcular incluso para meteorólogos experimentados. Pese a ello, climatólogos han pedido evitar términos como «Niño Godzilla», «súper-Niño» o «tormenta negra», que circulan en redes sociales bajo advertencias de una supuesta «alerta roja» en México; los especialistas los consideran incorrectos y alarmistas, aunque no niegan que exista una probabilidad real de que este episodio sea más intenso que eventos recientes. La última vez que se registró un fenómeno de El Niño fue entre 2023 y 2024.
El SMN y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) continúan con el monitoreo del fenómeno y se espera que ofrezcan actualizaciones conforme se acerque su punto de mayor intensidad, previsto para el último tramo del año.
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