
Tres partidos, tres victorias y una lista creciente de heridos, agredidos y víctimas de la euforia que se desborda cada vez que el Tricolor gana. Desde el 11 de junio, cuando aficionados usaron las lonas de las madres buscadoras como sombrillas en el Ángel de la Independencia, hasta el atropellamiento de 17 personas en Cabo San Lucas la noche del 24 de junio, los festejos mundialistas en México han dejado un rastro de violencia, indiferencia y destrucción que contrasta radicalmente con el discurso de orgullo nacional que los acompaña. La pregunta no es por qué ocurren estos incidentes, sino por qué ocurren una y otra vez, sin que nada cambie de un partido al siguiente.
Nacional
26 de junio de 2026
El primer partido: lonas de desaparecidos como sombrillas y una camioneta destruida en Reforma
La tarde del 11 de junio, mientras México derrotaba 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial, el colectivo «Una Luz en el Camino» realizaba una protesta pacífica en el Ángel de la Independencia, en Paseo de la Reforma. Las activistas colocaron fichas de búsqueda, fotografías y lonas con los rostros y datos de más de 133 mil personas desaparecidas en México. Cuando comenzó a llover, un grupo de aficionados, presuntamente en estado de ebriedad, descolgó esas lonas y las usó para cubrirse la cabeza mientras seguía cantando y saltando. Las fotografías de personas desaparecidas terminaron convertidas en sombrillas de fiesta.
Cuando las madres buscadoras intentaron recuperar su material, fueron confrontadas de manera agresiva. Un reportero de Telemundo que documentaba los hechos intervino para defenderlas y fue sometido y golpeado; su equipo resultó dañado. Días después, uno de los tres involucrados fue identificado por redes sociales. En lugar de pedir disculpas, publicó en Instagram: «Sí soy yo. Se dice putitas buscadoras». El caso fue denunciado formalmente, pero hasta el cierre de esta edición no había derivado en detenciones. Las madres buscadoras volvieron a manifestarse el 24 de junio, antes del partido contra República Checa, con el mismo mensaje: «Con nuestro dolor no se juega».

A metros de distancia, otra escena completaba el cuadro de la noche: una camioneta de trabajo estacionada sobre Paseo de la Reforma amaneció completamente destruida. Su propietario, José Daniel Gallegos Rosales, publicó un video frente a los restos del vehículo para narrar lo ocurrido: un grupo de aficionados eufóricos lo había utilizado como plataforma de festejo, trepándose y brincando sobre la carrocería hasta destrozarla. La camioneta era su única herramienta de trabajo. Para empeorar la situación, el seguro que había contratado no cubre daños por vandalismo en vía pública. Gallegos recurrió a las redes sociales para pedir apoyo ciudadano, ya que las instituciones no le ofrecieron ningún tipo de respaldo.

El segundo partido: un conductor ebrio en Chihuahua y una riña con atropello en CDMX
El 18 de junio, México venció 1-0 a Corea del Sur. En Chihuahua, un conductor presuntamente en estado de ebriedad arrolló a varios aficionados que festejaban en la Glorieta de la División del Norte, dejando al menos tres personas lesionadas. La Federación Mexicana de Futbol emitió un comunicado lamentando el hecho.

Al día siguiente, el 19 de junio, un video circuló en redes sociales mostrando una riña entre aficionados en una calle de la Ciudad de México que terminó con uno de ellos atropellado por un vehículo que huyó del lugar. Los testigos que grababan la escena no intervinieron para auxiliar a la víctima. Esa misma noche, en Apatzingán, Michoacán, aficionados comenzaron a zarandear una patrulla de la Policía Municipal; un elemento sacó su arma y disparó al aire para dispersar a la multitud, generando pánico y corridas entre comerciantes y vecinos.

El tercer partido: 17 heridos en Cabo San Lucas, una conductora golpeada y la CDMX otra vez
La noche del 24 de junio, tras la goleada 3-0 sobre República Checa, el saldo fue el más grave del torneo. En Cabo San Lucas, Baja California Sur, un conductor de un Volkswagen Jetta negro quedó rodeado por aficionados que obstruían el bulevar Lázaro Cárdenas y comenzaron a sacudir su vehículo.

El hombre, que viajaba con su hija, aceleró abriéndose paso entre la multitud. El resultado fue 17 personas atropelladas, una de ellas con traumatismo craneoencefálico grave. El IMSS atendió a diez pacientes, y el Hospital General y otros centros de salud recibieron al resto. El conductor fue detenido y puesto a disposición del Ministerio Público de Baja California Sur para determinar su situación jurídica.

En Zacatecas, Jaime Castillo Castillo, titular de la Secretaría de Jóvenes de Morena en esa entidad, golpeó en el rostro a una conductora de plataforma digital atrapada entre la multitud en el centro histórico de la capital. El video se viralizó en horas y hoy el dirigente enfrenta un proceso penal y fue separado de su cargo. En Toluca, la policía quedó rebasada ante el descontrol de los aficionados en el Monumento al Águila: subieron a las carrocerías de vehículos de terceros a bailar, arrojaron espuma sobre automovilistas y bloquearon el tránsito durante horas.

En la Ciudad de México, las estaciones del Metrobús amanecieron con vallas metálicas por daños, las plantas de cempasúchil del camellón de Reforma fueron destruidas y la Secretaría de Seguridad Ciudadana reportó 28 detenidos y 5 lesionados durante la noche del festejo.
El contraste que incomoda: los extranjeros que sí entendieron
En medio del catálogo de incidentes hay una imagen que circuló con menos fuerza pero que dice más que cualquier estadística: aficionados suecos que pasaban frente al Estadio Monterrey se detuvieron a consolar y abrazar a las madres buscadoras que manifestaban frente al recinto. No hablaban el mismo idioma. No conocían el contexto. Pero reconocieron el dolor. Proceso documentó, además, que los aficionados extranjeros que llegaron a México para el Mundial mostraron más empatía con las protestas sociales que muchos de los propios compatriotas de las víctimas. Un aficionado colombiano declaró que las protestas no le incomodaban porque venía de un país donde «también pasan muchas cosas». Un turista brasileño las comparó con las que vivió su país durante el Mundial de 2014.
Por qué no para: el problema no es el futbol, es lo que se mezcla con él
Los incidentes que se repiten partido a partido no son coincidencias ni accidentes aislados. Responden a una combinación de factores que los investigadores sociales y los propios vecinos de las zonas afectadas describen con consistencia: consumo masivo de alcohol en espacios sin regulación, ausencia de cierres viales formales en zonas de concentración espontánea, una cultura de impunidad que hace que agredir en medio de una multitud parezca sin consecuencias, y una euforia colectiva que opera como deshabilitador del juicio individual. A eso se suma que la mayoría de los incidentes no derivan en consecuencias penales visibles para los responsables, lo que refuerza la percepción de que nada pasa.
El ciclo es predecible: ocurre el incidente, se viraliza el video, el debate dura 48 horas en redes sociales y todo vuelve a cero antes del siguiente partido. Nadie aprende porque nadie tiene incentivos para hacerlo. Las autoridades municipales no implementan cierres viales preventivos. Los partidos políticos expulsan simbólicamente a sus militantes agresores pero no garantizan que el proceso penal avance. Los medios cubren el incidente como nota policial y siguen con el marcador. Y así, partido a partido, el festejo se convierte en algo que tiene muy poco que ver con celebrar y mucho con demostrar que en este país hay zonas donde la violencia no tiene costo.
México llega a los octavos de final del Mundial con nueve puntos históricos, cero goles en contra y una lista de heridos que nadie va a mostrar en el estadio. Si el Tri avanza, habrá más partidos. Y si no cambia nada entre hoy y el 30 de junio, volverá a pasar.
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Fuentes: Proceso, Milenio, El Universal, Infobae, SDP Noticias, Excélsior, El Siglo de Torreón, Vanguardia, Quadratín Edomex, UnoTV, El Imparcial, El Mañana de Nuevo Laredo, Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.