
Las familias de la zona metropolitana de Oaxaca reciben agua potable en promedio cada 30 días, y en algunas colonias el servicio llega cada 45 días o dos meses, con un abasto reducido a menos de 12 horas y con presión insuficiente para llenar tinacos o cisternas. El deterioro se aceleró notoriamente a partir de 2023 y no tiene precedente reciente: antes de ese año, el estiaje generaba escasez, pero nunca interrupciones de más de un mes. La crisis ha disparado el precio de las pipas privadas, cuyo costo se ha triplicado o cuadruplicado en dos años, y está alimentada en parte por un mercado paralelo de extracción ilegal de agua subterránea que, según organizaciones civiles, abastece entre el 33 y el 50 por ciento de las pipas que circulan en la ciudad.
Capital · 29 de mayo de 2026
Lo que viven las familias hoy
En casa de Lidia Yolanda Torres, en una colonia de la zona metropolitana, el agua llega cada 25 o 30 días, solo medio día y con una presión tan baja que obliga a llenar los recipientes con cubetas de 20 litros. Tiene dos tinacos de mil 100 litros y un tambo de 200 litros alzados sobre una plataforma, y aun así no es suficiente. «Como ha crecido mucho la población, los que construyen lo primero que hacen es construir una cisterna, y cuando se llenan sus cisternas es que nos empieza a llegar agua a nosotros, o nos llega con muy poca presión», explica.
La escasez obliga a reciclar cada gota: el agua con la que se lavan trastes y ropa se reutiliza para el baño o para trapear; la ducha es a jicarazos. En la colonia Coquito de la agencia de San Juan Chapultepec, Donaciano García cuenta que, si bien estaban acostumbrados a cierta carencia de agua por vivir en zona alta, nunca habían vivido un momento tan crítico. «La sequía empezó a notarse desde hace seis años. Antes había demasiada agua, ahora los veneros ya no llevan agua y las pozas están secas», dice Torres.
Un quiebre que se marca en 2023
Aunque la escasez de agua durante el estiaje no es nueva en Oaxaca, los registros de los últimos tres años marcan un cambio cualitativo. Antes de 2023, las interrupciones del servicio en temporada seca podían extenderse varios días, incluso semanas en zonas de difícil acceso, pero no alcanzaban el umbral actual de un mes o más de forma generalizada en colonias urbanas. El salto en la frecuencia y duración del desabasto coincidió con el agravamiento de la sobreexplotación del acuífero de los Valles Centrales y con el crecimiento acelerado de la mancha urbana, que impermeabiliza el suelo e impide la recarga natural del manto freático.
Pablo Ruiz Lavalle, del Centro de Aprendizaje Bioregional Tierra del Sol en Tlacochahuaya, explica que la cuenca de los Valles Centrales tiene en teoría capacidad para abastecer a la población, pero que décadas de mal manejo territorial lo han impedido. En los años 60, el nivel del acuífero subterráneo estaba a menos de dos metros de profundidad. Hoy está a más de 20 o 25 metros. «Estamos sacando el agua para cubrir las necesidades del campo y de la ciudad, y ese es el problema que ocasiona la falta de agua, en un territorio que no debería tenerlo», señala.
Manantiales secos y urbanización sin freno
En San Felipe del Agua, comunidad asentada en las faldas de la cordillera norte de Oaxaca, los manantiales que durante décadas abastecieron de agua potable a la ciudad capital están prácticamente extintos. «Ahí solo queda agua verdosa. La usamos para sembrar las plantas», dice un comunero que prefiere no dar su nombre. «Solo quedan tres o cuatro», agrega, y advierte del riesgo de intentar fotografiar los manantiales restantes. A finales del año pasado, la comunidad cerró el acceso a personas ajenas para proteger su bosque de pinos y encinos, deteriorado por el crecimiento urbano, la contaminación y otras actividades humanas.
Ruiz Lavalle identifica en la urbanización el principal mecanismo de deterioro: «El territorio está diseñado para que el agua fluya muy lentamente desde la parte alta de las montañas hasta los ríos. Esa vegetación todavía existe en parte, pero ha sido afectada por procesos de deforestación». La expansión de zonas pavimentadas y construidas impermeabiliza el suelo e impide que el agua se filtre hacia el acuífero subterráneo, que es la reserva estratégica natural del sistema.
Pipas sin regulación: el agua como negocio
Ante el desabasto, las familias recurren a las pipas privadas, cuyo precio se ha triplicado o cuadruplicado en dos años. El llenado de un tinaco de mil 100 litros cuesta en promedio 500 pesos; el de una cisterna de 10 mil litros, entre 2 mil 800 y 3 mil pesos. En 2022, esa misma cisterna costaba entre 400 y 800 pesos. Para febrero de 2024, el precio había escalado hasta los 2 mil pesos, y en algunas zonas llegó a los mil 700 pesos por unidades menores.
A la carestía se suma otra distorsión del mercado: muchos piperos se niegan a surtir tinacos individuales. «El dueño del pozo te cobra lo mismo si sacas mil litros o 10 mil litros. Por eso nosotros solo aceptamos si se trata de llenar cisternas de 5 mil o 10 mil litros, pero no menos porque no sale», explica Adrián, vendedor de agua en pipas en San Antonio de la Cal. Las familias que no tienen cisterna, que son las de menor poder adquisitivo, quedan fuera del mercado o deben pagar sobreprecio para que alguien acceda a surtirles un tinaco pequeño. Hasta la fecha no existe una tarifa regulada para el servicio de pipas privadas en el estado.

El huachicol del agua: pozos ilegales que drenan el acuífero
Detrás del mercado de pipas hay un problema estructural que organizaciones civiles vienen denunciando desde 2023: entre el 33 y el 50 por ciento del agua que circula en pipas en la ciudad de Oaxaca y su zona metropolitana proviene de extracciones ilegales. El Colectivo de Organizaciones Ambientalistas reportó que entre enero de 2023 y abril de 2024 recibió más de 60 denuncias sobre pozos clandestinos en la capital y municipios conurbados, a razón de al menos cuatro por mes. «Aparentemente, son particulares que pertenecen a algún grupo social, algún grupo político», señaló un activista de la organización.
Un caso documentado en marzo de 2024 en las colonias Vista del Valle y Del Bosque, en los límites de Santa Cruz Xoxocotlán y Cuilápam de Guerrero, ilustra la magnitud del problema: un pozo clandestino al interior de un predio llegaba a abastecer hasta 100 pipas de 10 mil litros por día. Su operación provocó que 30 pozos con licencia pertenecientes a productores locales se secaran. A pesar de la denuncia ciudadana, pasaron semanas sin que ninguna autoridad actuara.
En respuesta, Conagua ejecutó operativos en la zona conurbada. En enero de 2026 clausuró un pozo en Santa Cruz Xoxocotlán; en marzo, cateos coordinados con la Guardia Nacional, el Ejército, la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Seguridad estatal resultaron en la clausura de un pozo en San Sebastián Tutla y dos pozos con cisterna en Santa Lucía del Camino, con el aseguramiento de carros tanque. A nivel nacional, un informe del Instituto de Gestión del Agua y Vertimientos de México (Igavim) identificó 292 pozos ilegales en el país; solo 117 fueron clausurados, mientras los restantes 175 recibieron sanciones administrativas pero siguen activos. En Oaxaca, las multas aplicadas en 2024 alcanzaron pozos en San Lorenzo Cacaotepec, Santa Lucía del Camino, San Agustín Yatareni, Tlalixtac de Cabrera e Ixtepec, entre otros municipios.
«El recibo llega aunque el agua no»
José Armando López vive en la colonia Manuel Sabino Crespo y lleva meses navegando la misma incertidumbre que miles de oaxaqueños. En su colonia el agua llega cada 30 o 45 días, y cuando llega, muchas veces son apenas unas horas con presión insuficiente para llenar una cisterna de 6 mil litros. Aunque la programación de SOAPA establece dos días completos de suministro para la zona, esa promesa tampoco se cumple siempre: hay ocasiones en que la fecha programada pasa sin que el agua aparezca. «Y el recibo llega sin falta, haya o no haya agua», señala López, quien como muchos vecinos que pueden costearlo se ve obligado a pedir al menos una pipa al mes para cubrir el consumo básico del hogar.
Su caso no es excepcional. La colonia Manuel Sabino Crespo está en la ciudad de Oaxaca de Juárez y aun así enfrenta las mismas fallas de suministro que colonias en otros municipios. El cobro del servicio independientemente del agua recibida es una queja recurrente en toda la zona metropolitana y refleja la desconexión entre la facturación de SOAPA y la realidad del abasto que efectivamente llega a los domicilios.
La calle como último recurso: bloqueos en toda la ciudad
La desesperación acumulada ha llevado a vecinos de decenas de colonias a tomar las calles. Las protestas y bloqueos por falta de agua en la capital oaxaqueña comenzaron a registrarse de forma recurrente a finales de 2023, se intensificaron durante la temporada de estiaje de 2024 y se han mantenido en 2025. En diciembre de 2023, colonos de la Lindavista bloquearon inmediaciones del Monumento a la Madre después de más de 40 días sin agua; era ya la cuarta manifestación de ese tipo en solo 15 días en la capital. En esa misma época, 26 mil 500 hogares de 26 colonias no tenían acceso al agua mediante tuberías.
En marzo de 2024, vecinos de las colonias Aurora y Monte Albán bloquearon arterias de la ciudad; los de la zona norte cerraron la Calzada Niños Héroes frente al IMSS, la Calzada Porfirio Díaz y vialidades del Cerro del Fortín. Algunos manifestantes también cortaron el acceso a la gasolinera del DIF estatal y bloquearon las calles Sabino Crespo, Tinoco y Palacios y Avenida Juárez, afectando el tránsito turístico hacia la terminal de autobuses de primera clase. En el barrio de La Noria, San Antonio de la Cal y Cinco Señores se han registrado cortes en puntos clave, algunos en las propias colonias y otros en arterias importantes de la ciudad. En abril de 2024, vecinos del Infonavit Primero de Mayo llegaron a mantener un bloqueo en la rotonda del Módulo Azul por casi 22 horas, tras constatar que su colonia ni siquiera aparecía en la programación de suministro del SOAPA. También ese mes, habitantes de la colonia Alemán bloquearon el periférico después de más de 40 días sin agua, con recibos en mano como prueba del cobro continuo.
Las protestas no se han limitado a las colonias: en varias ocasiones los vecinos han tomado directamente las instalaciones de SOAPA en la calle Crespo, en el centro histórico, para exigir respuestas a funcionarios que, denuncian, no atienden las llamadas ni acuden a las mesas de diálogo solicitadas. En mayo de 2025 se registró un nuevo bloqueo en el periférico protagonizado por vecinos de la colonia Alemán, que seguía sin agua meses después de las promesas de regularización.
En 2026 las protestas continuaron sin pausa. En febrero de 2026, colonos de la colonia Aquiles Serdán en Santa Lucía del Camino mantuvieron un bloqueo de más de 12 horas sobre la Avenida Ferrocarril, señalando que el agua llega apenas una vez al mes y con tan poca presión que no alcanza para llenar tinacos ni cisternas. «Nos dicen que hay suficiente agua para Oaxaca, pero nosotros estamos sufriendo», expresaron. El presidente municipal Juan Carlos García Márquez fue señalado de criminalizar la protesta y de trasladar la responsabilidad al gobierno estatal. En marzo de 2026, vecinos de la colonia La Cascada protagonizaron un nuevo bloqueo y rechazaron de forma contundente las medidas del gobierno: «Regalar tinacos no soluciona nada si no hay agua para llenarlos; es una burla querer tapar la falta de infraestructura con recipientes vacíos», dijeron, en alusión al programa de donación de tinacos impulsado por la administración estatal. Un patrón se repite en casi todas las protestas desde 2023: las autoridades envían representantes solo cuando el bloqueo amenaza con hacerse permanente, ofrecen compromisos que rara vez se cumplen, y las colonias regresan a manifestarse semanas o meses después.
La respuesta del gobierno: tinacos, dispensadores y una presa a largo plazo
El titular de la Comisión Estatal del Agua para el Bienestar (Ceabien), Neftalí López Hernández, reconoció que el problema tiene su origen en decisiones de administraciones anteriores y anunció que la capacidad de extracción se elevó de 195 a 700 litros por segundo con la apertura de nuevos pozos, incluyendo los pozos Cuculita 1 y Cuculita 2. Afirmó que el acuífero de los valles centrales «no está muy holgado» pero que aún tiene margen de extracción. Sin embargo, no precisó cuándo se normalizarán los tiempos de servicio en las colonias más afectadas.
La respuesta inmediata del gobierno estatal incluye la instalación de dispensadores de agua en colonias vulnerables, la donación de tinacos y el suministro gratuito mediante pipas de la propia Ceabien durante el periodo más crítico del estiaje. La solución estructural que se plantea es la construcción de la presa Mujer Solteca, que retendría agua del río entre Villa Sola de Vega y San Vicente Coatlán, en la sierra sur, para conducirla hacia la capital. Se trata de un proyecto cuya materialización, por escala y plazos, no resolvería el desabasto en el corto ni en el mediano plazo. Mientras tanto, en 2024, el secretario de Gobierno Jesús Romero López anunció que se dialogaría con la Profeco para regular los precios de las pipas, un compromiso que al cierre de esta edición no se ha concretado en ninguna tarifa oficial.
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Fuentes consultadas: El Universal Oaxaca, La Silla Rota, Primera Línea, El Imparcial de Oaxaca, Excélsior, NVI Noticias, Meganoticias, Ciudadanía Express, La Razón de México, Conagua, Gobierno del Estado de Oaxaca, Ceabien, DOF/SIDOF.