Dos años de sequía cultural: El gobierno de Oaxaca consolida el entierro de la FILO para imponer su monopolio literario

La muerte de la FILO: Cómo el gobierno estatal asfixió 44 años de tradición literaria

OAXACA, OAX. — Lo que inició como una supuesta «pausa temporal» se ha convertido en un golpe permanente a la libre gestión cultural. Oaxaca cumple su segundo año consecutivo sin la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), consolidando el apagón del festival literario independiente más importante del sur de México tras el severo estrangulamiento presupuestal ejecutado por la administración estatal.

Con este segundo año de ausencia, queda en evidencia que el retiro del apoyo gubernamental no fue un ajuste administrativo temporal, sino una estrategia para desmantelar una plataforma ciudadana con más de cuatro décadas de historia.

La crónica del estrangulamiento

El declive forzado de la FILO comenzó cuando la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca aplicó un drástico recorte del 90% a sus recursos, reduciendo el presupuesto de 8 millones de pesos a una cifra simbólica de apenas 300 mil pesos. Ante la imposibilidad de sostener un evento de talla internacional con tales montos, el comité organizador (Fondo Ventura) se vio obligado a suspender actividades.

Lejos de buscar una conciliación o el rescate de la feria para el ciclo siguiente, el gobierno estatal optó por profundizar el vacío, ignorando los llamados de la comunidad artística y los exhortos del propio Congreso local para devolverle al estado un encuentro literario plural, incluyente y con garantías financieras transparentes.
 
Centralismo y eventos «a modo»
En sustitución de la FILO, la administración actual impuso la Feria Internacional de la Lectura de Oaxaca (FIELO) y otros formatos operados directamente desde el aparato oficial.
Para diversos colectivos, editoriales independientes y libreros locales, estas actividades alternativas representan un intento de centralización ideológica y cultural. Al controlar el presupuesto, el gobierno estatal ahora decide qué autores se presentan, qué temáticas se discuten y qué editoriales tienen espacio en el Zócalo, eliminando la autonomía y el pensamiento crítico que caracterizaron a las cuatro décadas de la feria original.
El saldo de este segundo año de ausencia es un gremio cultural fracturado y un público oaxaqueño que atestigua cómo la burocracia estatal prefiere desaparecer las iniciativas de la sociedad civil antes que financiarlas.

 

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Redacción La Tinta

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