
Durante al menos 12 años, la Universidad Médica de Tokio alteró de manera sistemática las calificaciones de sus exámenes de ingreso para reducir el número de mujeres admitidas. El esquema salió a la luz en 2018, no por una denuncia relacionada directamente con discriminación, sino durante una investigación por el ingreso irregular del hijo de un alto funcionario japonés. El escándalo provocó disculpas públicas, una revisión nacional de las facultades de Medicina y posteriores acciones judiciales.
Internacional | 18 de septiembre de 2026
Un sistema diseñado para favorecer a los hombres
Entre 2006 y 2018, la Tokyo Medical University —institución privada distinta de la Universidad de Tokio— mantuvo un sistema que perjudicaba a las aspirantes mujeres durante el proceso de selección.
La investigación interna reveló que las calificaciones eran modificadas de acuerdo con el sexo y, en algunos casos, con el número de veces que una persona había intentado ingresar.
Los primeros reportes señalaron que los puntajes eran reducidos desde la primera etapa. Revisiones posteriores de la documentación de la propia universidad precisaron que uno de los principales mecanismos se aplicaba a la prueba de ensayo: los resultados eran reducidos mediante una fórmula y después los aspirantes hombres que se presentaban por primera, segunda o tercera ocasión recibían hasta 20 puntos adicionales.
Las mujeres no recibían esos puntos. Los hombres con varios intentos previos también podían ser penalizados.
El resultado era un proceso que aparentaba evaluar a todos bajo las mismas reglas, pero que en la práctica establecía ventajas distintas según el sexo del aspirante.
En 2018, ellas tenían tres veces menos posibilidades de ingresar
Las cifras del examen de 2018 evidenciaron la diferencia.
Ese año se presentaron 1,596 hombres y 1,018 mujeres. Al concluir las dos etapas del proceso, 141 hombres fueron aprobados, frente a solo 30 mujeres.
Esto representó una tasa de aprobación de aproximadamente 8.8% para los hombres y 2.9% para las mujeres.
Es decir, aun cuando casi cuatro de cada diez personas que realizaron el examen eran mujeres, estas representaron apenas alrededor del 18% de quienes superaron el proceso.
La manipulación buscaba mantener limitada la presencia femenina entre los estudiantes de Medicina.
¿Por qué la universidad quería menos médicas?
La explicación que surgió durante las investigaciones fue que autoridades de la institución consideraban que las mujeres tenían mayores probabilidades de abandonar temporal o definitivamente la profesión después de casarse o tener hijos.
La universidad temía que una mayor cantidad de médicas terminara provocando falta de personal en sus hospitales afiliados.
Ese razonamiento llevó durante años a intentar controlar desde el examen de admisión cuántas mujeres podían acceder a la carrera, en lugar de atender las condiciones laborales que podían dificultar que las médicas continuaran trabajando después de la maternidad.
El fraude se descubrió por otro escándalo
La discriminación no fue descubierta originalmente mediante una auditoría específica sobre igualdad de género.
En 2018, la universidad estaba siendo investigada por un caso distinto: el presunto ingreso irregular del hijo de Futoshi Sano, entonces funcionario del Ministerio de Educación de Japón.
La investigación determinó que el joven había recibido puntos adicionales que le permitieron superar el límite de admisión. El caso estaba relacionado con acusaciones de que autoridades universitarias buscaban obtener un trato favorable en un programa gubernamental de subsidios.
Al revisar el funcionamiento de las admisiones, los investigadores encontraron algo mucho más amplio: los resultados habían sido manipulados durante años y las mujeres eran sistemáticamente perjudicadas.

Directivos tuvieron que pedir disculpas públicamente
En agosto de 2018, la universidad reconoció las irregularidades.
Directivos como Tetsuo Yukioka y el entonces vicepresidente Keisuke Miyazawa comparecieron ante los medios y realizaron la tradicional reverencia japonesa como señal de disculpa.
La institución prometió reformar el proceso de admisión y evaluar medidas para compensar a quienes habían sido perjudicados.
El escándalo derivó además en la llegada de Yukiko Hayashi, la primera mujer en ocupar la presidencia de la universidad.
Japón revisó las 81 universidades que impartían Medicina
Las revelaciones hicieron que el Ministerio de Educación japonés ampliara la investigación.
El gobierno revisó los procesos de admisión de las 81 universidades públicas y privadas que entonces contaban con facultades de Medicina.
La investigación terminó identificando prácticas inapropiadas o posiblemente inapropiadas en otras instituciones, lo que demostró que el problema no se limitaba a una sola universidad.
El Ministerio de Educación reforzó posteriormente las reglas para establecer que, salvo que exista una razón objetiva y justificada, no es admisible aplicar condiciones distintas a los aspirantes únicamente por características como el sexo o la edad.
67 mujeres recibieron la posibilidad de recuperar la plaza
En noviembre de 2018, la Universidad Médica de Tokio anunció que contactaría a 101 aspirantes perjudicados en los procesos de 2017 y 2018, entre ellos 67 mujeres, para ofrecerles la posibilidad de ingresar.
Esto no significó que las 67 se incorporaran finalmente a la universidad: algunas ya estudiaban en otras instituciones y existían además límites sobre el número de lugares disponibles.
Una revisión independiente determinó que decenas de aspirantes habrían sido aprobados si el procedimiento se hubiera realizado de manera justa.
Para muchas de las afectadas, sin embargo, la reparación llegó cuando ya habían tenido que modificar sus planes académicos o profesionales.
El caso también llegó a los tribunales
La controversia continuó años después.
En 2022, un tribunal de Tokio ordenó a la universidad indemnizar a 27 antiguas aspirantes. Posteriormente, en mayo de 2023, el Tribunal Superior de Tokio reconoció que la manipulación que provocó el rechazo de mujeres que habrían obtenido una plaza constituía un trato discriminatorio injustificado por razón de sexo y elevó algunas de las indemnizaciones.
El escándalo iniciado en 2018 terminó así revelando algo que durante años permaneció oculto detrás de las cifras de admisión: las aspirantes no competían únicamente contra otros candidatos, sino contra un sistema diseñado deliberadamente para limitar cuántas de ellas podían convertirse en médicas.
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