
En Massachusetts, Estados Unidos, el juicio contra Lindsay Clancy, la exenfermera de 36 años acusada de matar a sus tres hijos en enero de 2023, entra en su fase final tras casi un mes de testimonios. Clancy se declaró no culpable; su defensa sostiene que actuó bajo los efectos de una psicosis posparto severa que le impediría ser considerada penalmente responsable, mientras la fiscalía sostiene que planeó los homicidios. El caso ha reavivado un debate nacional sobre este trastorno psiquiátrico grave y poco comprendido, y ha generado el respaldo de organizaciones especializadas y de sobrevivientes que piden más educación y atención médica para quienes lo padecen.
Internacional | 21 de agosto de 2026
El juicio contra Lindsay Clancy, la mujer acusada de matar a sus tres hijos en enero de 2023, ha entrado en su etapa final con una pregunta que va más allá de quién causó las muertes.
La defensa no niega que Clancy estranguló a Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses. Lo que está en disputa es si, cuando ocurrió, comprendía que lo que hacía estaba mal y podía controlar su conducta.
La Fiscalía sostiene que actuó de manera deliberada y que organizó las circunstancias para quedarse sola con los niños. Sus abogados aseguran, en cambio, que atravesaba una psicosis posparto que la había desconectado de la realidad después de meses de ansiedad, insomnio, depresión, pensamientos suicidas, consultas psiquiátricas y numerosos cambios de medicamentos.
El caso ha provocado además un movimiento de apoyo a Clancy, cuestionamientos sobre la atención de salud mental materna en Estados Unidos y teorías en redes sociales dirigidas contra su exesposo, Patrick Clancy, para las que hasta ahora no existe evidencia que lo vincule con los homicidios.
Qué pasó
El 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy se encontraba en la casa familiar de Duxbury, Massachusetts, con sus tres hijos.
Ese día, su entonces esposo Patrick salió para recoger un medicamento y comprar comida. Durante su ausencia, Lindsay utilizó bandas elásticas de ejercicio para estrangular a los menores.
Cora y Dawson murieron esa noche. Callan fue hospitalizado, pero murió posteriormente.
Después, Lindsay se lanzó desde una ventana del segundo piso en un intento de quitarse la vida. Sobrevivió, pero sufrió una lesión en la médula espinal y quedó paralizada de la cintura hacia abajo.
Patrick regresó a la casa y encontró primero a Lindsay gravemente herida en el exterior. Mientras permanecía en comunicación con el servicio de emergencias entró a buscar a sus hijos y los encontró en el sótano.
Durante el juicio se reprodujo la llamada al 911 en la que quedó registrado ese momento. El juez William Sullivan permitió que el jurado la escuchara, pero prohibió su difusión pública debido a su contenido.
Lindsay enfrenta tres cargos de asesinato en primer grado.
Los meses anteriores a las muertes
Uno de los puntos centrales del proceso ha sido reconstruir su estado mental antes del crimen.
Después del nacimiento de Callan, en mayo de 2022, Clancy comenzó a presentar problemas de ansiedad, depresión e insomnio. Buscó atención de distintos profesionales, recibió tratamiento psiquiátrico e incluso extendió su licencia de maternidad de su trabajo como enfermera de parto y maternidad.
Su madre, Paula Musgrove, declaró que el deterioro se hizo evidente hacia octubre de 2022. Ante el jurado se mostraron mensajes en los que Lindsay pedía a su madre que fuera a quedarse con ella porque sentía que algo estaba mal y que no podía soportar el insomnio.
Musgrove y Allison Ozga, hermana de Lindsay, describieron episodios de ansiedad extrema, temor de quedarse sola, paranoia y pensamientos suicidas. También dijeron que en algún momento expresó pensamientos relacionados con que algo pudiera ocurrirles a sus hijos.
La situación llegó al punto de que buscó atención en distintos programas y, a principios de enero de 2023, ingresó voluntariamente al McLean Hospital, donde permaneció varios días.
Sin embargo, los profesionales que la atendieron antes de las muertes declararon durante el juicio que no observaron síntomas suficientes para diagnosticar psicosis.
El 23 de enero, apenas un día antes de los homicidios, tuvo una consulta psiquiátrica virtual. Se mostró deprimida, ansiosa y sin motivación, pero no reportó escuchar voces ni manifestó entonces un plan para matar a sus hijos.
El juicio y los dos argumentos en disputa
proceso comenzó en julio de 2026 en el Tribunal Superior de Plymouth.
No se trata de demostrar materialmente si Lindsay causó las muertes. La defensa lo admite.
La discusión es si era penalmente responsable.
La Fiscalía: hubo intención y planificación
La Fiscalía sostiene que Clancy tenía problemas de salud mental, pero conservaba la capacidad de comprender sus actos.
Entre los indicios presentados está el hecho de que pidió a Patrick salir de casa, realizó actividades normales durante el día y tuvo conversaciones telefónicas que no llamaron la atención de quienes hablaron con ella.
Los fiscales también utilizaron información extraída de su teléfono y Apple Watch, incluidos movimientos, llamadas, mensajes y búsquedas relacionadas con medicamentos, depresión y suicidio.
Su argumento es que Lindsay quería morir y decidió llevarse con ella a sus tres hijos.
El psiquiatra Avram Mack, llamado por la Fiscalía en la fase de refutación, reconoció que Clancy padecía una depresión mayor, pero dijo no haber encontrado evidencia suficiente de que estuviera psicótica, maníaca o padeciera trastorno bipolar al momento de los hechos.
Según su evaluación, conservaba la capacidad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto y controlar sus actos.
La defensa: estaba desconectada de la realidad
El abogado Kevin Reddington sostiene una tesis completamente distinta.
La defensa afirma que Lindsay atravesaba una psicosis posparto, agravada por insomnio, problemas emocionales y un tratamiento psiquiátrico que incluyó numerosos medicamentos y modificaciones de dosis.
Uno de sus testigos más importantes fue el psiquiatra forense Phillip Resnick, especialista en casos de madres que matan a sus hijos y quien participó como experto en el conocido caso de Andrea Yates.
Resnick declaró que Lindsay estaba claramente psicótica cuando ocurrieron los homicidios.
Según la versión que Clancy le relató durante su evaluación, escuchaba una voz masculina que le decía que debía morir y que sus hijos sufrirían si quedaban sin ella. El día de las muertes, esa voz habría llegado a ordenarle que matara a los niños.
Resnick describió el fenómeno como una alucinación de comando y sostuvo que Lindsay sentía que actuaba como si fuera una “marioneta”, sin controlar completamente sus actos.
Para la defensa, el hecho de que pudiera hablar normalmente, usar un teléfono o realizar actividades cotidianas no descarta una psicosis.
Ese es precisamente uno de los grandes desacuerdos entre los especialistas que han declarado.
Qué es la psicosis posparto
La psicosis posparto es distinta de la depresión o la ansiedad posparto, condiciones mucho más comunes que afectan, respectivamente, a alrededor de 1 de cada 8 madres y a cerca del 10 por ciento de ellas, de acuerdo con cifras citadas por la organización Postpartum Support International (PSI). La psicosis posparto, en cambio, es el trastorno del estado de ánimo más grave asociado al parto y también el más raro: ocurre en apenas 1 o 2 de cada mil nacimientos. Su aparición suele ser súbita, generalmente dentro de los primeros días o semanas después del parto, aunque en algunos casos puede presentarse después.
Entre sus síntomas se encuentran alucinaciones, delirios, insomnio, irritabilidad, paranoia y cambios de humor extremos. Según Michele Davidson, experta en el tema y miembro de la junta directiva de PSI, alrededor del 5 por ciento de las madres con este trastorno intenta quitarse la vida y un 4 por ciento llega a causar la muerte de sus hijos, muchas veces bajo la falsa creencia de estar protegiéndolos de un destino peor.
Un estudio de 2006 encontró que entre el 72 y el 88 por ciento de las mujeres que desarrollan psicosis posparto inmediatamente después de dar a luz tienen un trastorno bipolar o esquizoafectivo de fondo. Pese a su gravedad, la psicosis posparto todavía no figura como un diagnóstico independiente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), lo que, según especialistas, dificulta su identificación oportuna.
En el caso de Lindsay Clancy, una de las cuestiones más difíciles es precisamente que buscó repetidamente atención médica antes de las muertes, pero ninguno de los profesionales que la evaluó entonces diagnosticó psicosis posparto.
Quiénes la respaldan y por qué

El caso ha generado un movimiento de apoyo poco habitual en un proceso por el asesinato de tres niños.
El 20 de agosto, alrededor de 300 personas, principalmente mujeres vestidas de rosa, se reunieron afuera del tribunal en Plymouth.
Algunas portaban mensajes como “She Needed Help” —“Ella necesitaba ayuda”— y “Peace for Lindsay”.
Muchas dijeron identificarse con el caso debido a sus propias experiencias con depresión, ansiedad o psicosis después de convertirse en madres. Su postura no es necesariamente negar que Lindsay mató a sus hijos, sino considerar que era una mujer gravemente enferma que buscó ayuda y no recibió el tratamiento adecuado.
Su familia también la respalda.
Su madre y su hermana declararon a favor de la defensa y describieron a Lindsay antes de la crisis como una madre amorosa que progresivamente dejó de comportarse como ella misma.
Quienes la apoyan señalan especialmente la cantidad de señales previas: consultas psiquiátricas, insomnio, pensamientos suicidas, miedo a quedarse sola, diferentes tratamientos y una hospitalización psiquiátrica semanas antes de las muertes.
Para ellos, el caso representa una falla más amplia del sistema de atención a la salud mental materna.
Patrick Clancy: qué se sabe y qué se supone en redes
Patrick Clancy ocupa una posición compleja en esta historia.
Es el padre de los tres niños, fue quien encontró sus cuerpos y fue también uno de los testigos más importantes de la Fiscalía.
Durante su declaración describió el deterioro mental de Lindsay durante los meses anteriores. Dijo que ella había hablado de suicidio y de la posibilidad de que algo malo ocurriera a los niños, pero también que después podía volver a comportarse aparentemente con normalidad.
Patrick aseguró que ningún profesional médico le indicó que no debía dejarla sola con sus hijos.
También ha sostenido públicamente una posición que ha generado atención desde 2023: poco después de las muertes pidió a otras personas que perdonaran a Lindsay y expresó que él mismo la había perdonado.
Con el avance del juicio, algunas comunidades en TikTok y otras redes comenzaron a responsabilizarlo indirectamente por no haber detectado la gravedad del estado de su esposa. También se cuestionaron decisiones personales suyas durante los meses anteriores a los homicidios.
De esa crítica surgieron posteriormente teorías mucho más graves que sugieren que Patrick habría participado en las muertes o incluso cometido los asesinatos.
No existe evidencia conocida que sustente esas acusaciones.
No está acusado, las autoridades no lo han identificado como sospechoso y ninguna de las pruebas expuestas durante el juicio lo ha vinculado con la muerte de sus hijos. Un análisis publicado por WIRED concluyó que esas teorías se han alimentado principalmente de interpretaciones sobre las cargas de la maternidad y de experiencias personales que algunas mujeres proyectan sobre el caso, no de pruebas contra Patrick.
Patrick y Lindsay también han promovido por separado acciones civiles contra profesionales vinculados con su atención médica, al considerar que hubo fallas en el tratamiento recibido antes de la tragedia.
El abogado de Lindsay Clancy
La defensa está encabezada por Kevin Reddington, un abogado con más de cinco décadas de experiencia en Massachusetts.
A lo largo de su carrera ha intervenido en procesos de alto perfil y en casos donde la salud mental o la violencia doméstica han desempeñado un papel central.
Uno de sus antecedentes más conocidos es la defensa de Therese Rogers en 1989, una mujer acusada de matar a su pareja después de sufrir violencia física y sexual. Rogers fue absuelta después de que la defensa planteara una incapacidad mental temporal asociada con el trauma.
También ha representado al exjugador de los Boston Red Sox Mo Vaughn y al sacerdote Ronald Paquin, entre otros clientes de alto perfil.
En el juicio de Clancy, Reddington ha centrado prácticamente toda su estrategia en demostrar que la enfermedad mental anuló su responsabilidad criminal, no en disputar que ella haya causado las muertes.
Un caso que también cuestiona al sistema médico
Aunque el juicio actual es penal, existe otro debate paralelo.
Durante meses Lindsay buscó ayuda en distintas instituciones, recibió medicamentos, acudió a consultas, expresó pensamientos suicidas y finalmente ingresó a un hospital psiquiátrico.
Aun así, 19 días después de dejar McLean Hospital mató a sus tres hijos.
Para sus defensores, esa secuencia evidencia que algo falló en el sistema.
Para los fiscales, buscar tratamiento psiquiátrico no demuestra por sí mismo que una persona haya perdido la capacidad de comprender sus acciones.
Las demandas civiles presentadas por Lindsay y Patrick contra algunos de los profesionales que participaron en su atención tendrán que resolver por separado si existió negligencia médica.
Hasta ahora, esas acusaciones no han sido establecidas judicialmente como hechos.
Qué sigue en el juicio
La Fiscalía terminó la presentación principal de su caso el 17 de agosto después de 14 días de testimonios.
La defensa llamó posteriormente a diez testigos y cerró su caso el viernes 21 de agosto, después de la declaración de Phillip Resnick.
Ese mismo viernes, la Fiscalía comenzó a presentar testigos de refutación, entre ellos Avram Mack. Los alegatos finales se esperan para la próxima semana, antes de que el caso quede en manos del jurado.
Si Clancy es declarada culpable de asesinato en primer grado, podría enfrentar cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Pero un eventual veredicto de no responsabilidad criminal tampoco significaría necesariamente que quedaría libre. Podría ser internada en una institución psiquiátrica mientras un tribunal determine que continúa representando un riesgo.
Después de semanas de testimonios, el jurado tendrá que resolver una pregunta extraordinariamente difícil.
Nadie discute que Cora, Dawson y Callan murieron a manos de su madre.
La cuestión es quién era mentalmente Lindsay Clancy en ese momento: una mujer que decidió y planificó matar a sus hijos antes de intentar suicidarse, como sostiene la Fiscalía, o una madre gravemente enferma que había perdido contacto con la realidad, como asegura la defensa.
De esa diferencia dependerá el veredicto.
Este es un tema sensible: si tú o alguien que conoces está atravesando síntomas de depresión, ansiedad o psicosis después de un embarazo, es importante buscar ayuda profesional de inmediato; en México, la Línea de la Vida (800 911 2000) ofrece orientación gratuita en salud mental las 24 horas.
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