
El líder de Tomorrow X Together ha enfrentado una cadena de incidentes que van desde acoso sexual durante fan meetings hasta denuncias falsas ante autoridades migratorias de Estados Unidos. Su caso expone una crisis estructural en la cultura de los fandoms.
¿Quién es Soobin?
Choi Soo-bin, conocido artísticamente como Soobin, nació el 5 de diciembre de 2000 en Ansan, Corea del Sur. Es el líder y una de las caras más visibles de Tomorrow X Together (TXT), boyband de cuarta generación del K-pop que debutó en marzo de 2019 bajo el sello BIGHIT Music, subsidiaria de HYBE. Conocido por su estatura, su voz grave y su carisma natural, Soobin se ha ganado un lugar protagónico en la industria: fue MC del programa musical Music Bank de KBS durante dos años y acumula millones de seguidores en todo el mundo.
Sin embargo, su popularidad también lo ha convertido en uno de los idols más acosados de su generación.
Acoso en plena videollamada: el momento que paralizó al fandom
En agosto de 2025, durante una sesión oficial de firma de autógrafos en formato de videollamada —una actividad habitual en el K-pop para conectar fans con sus artistas—, una participante reprodujo deliberadamente un audio sexualmente explícito y fabricado, en el que supuestamente aparecía la voz de su compañero de grupo Yeonjun. Acto seguido, le hizo a Soobin preguntas de contenido sexual sobre su relación con el otro integrante.
La reacción del cantante quedó registrada: permaneció en silencio, con la mirada perdida en la pantalla, durante aproximadamente 20 segundos de visible shock. La misma persona que provocó el incidente grabó ese momento y lo difundió en X (antes Twitter) con el texto: «Cuando le pregunté directamente a Soobin sobre el misterioso audio en la firma de autógrafos». El clip se viralizó en cuestión de horas.
La comunidad de fans de TXT —conocida como MOA— reaccionó con indignación masiva, exigiendo a BIGHIT Music que prohibiera de forma permanente a la persona involucrada y tomara medidas legales. Decenas de usuarios catalogaron el acto como acoso sexual, no como una broma inofensiva.
Las sasaeng: cuando el fanatismo cruza hacia el delito
El término sasaeng proviene del coreano: sa (privado) y saeng(vida). Se usa para describir a seguidores obsesivos que invaden la privacidad de los ídolos con conductas que van desde el acecho físico hasta el robo y la venta de información personal.
Soobin ha sido víctima reiterada de este fenómeno. En octubre de 2025, fue rodeado por decenas de personas en China durante unas vacaciones privadas junto a amigos de otros grupos de K-pop, entre ellos Zhang Hao de ZEROBASEONE. Las imágenes del acoso en el hotel se difundieron sin su consentimiento y generaron un nuevo ciclo de indignación entre sus fans.
Su compañero Hueningkai también fue víctima del mismo fenómeno en la misma época: alguien fotografió un momento privado con una amiga y lo publicó en redes sociales, forzándolo a dar explicaciones públicas sobre su vida personal.
Según investigaciones periodísticas publicadas por medios especializados como Soompi e Infobae, los sasaengs operan como verdaderas redes de tráfico de información. Consiguen empleos en aerolíneas, agencias de entretenimiento o compañías telefónicas para acceder a datos sensibles —números de vuelo, números de teléfono, direcciones— y luego los comercializan en foros privados y redes sociales. El precio de una pieza de información puede ser tan bajo como el equivalente a 3 dólares estadounidenses.
El episodio de ICE: cuando las guerras de fandoms llegaron a la vida real
En septiembre de 2025, días antes del primer concierto de TXT en Estados Unidos como parte de su gira mundial, circuló en X una publicación —posteriormente eliminada— en la que un usuario afirmaba haber enviado una denuncia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contra Soobin, acusándolo de ser un «inmigrante ilegal» y miembro de un supuesto «grupo terrorista llamado TXT».
El contexto hacía el incidente especialmente grave: apenas días antes, el ICE había realizado una redada migratoria en una planta de Hyundai en Georgia que resultó en la detención de más de 300 trabajadores surcoreanos, muchos de ellos con visas de trabajo válidas. Usar ese mecanismo institucional como arma en una guerra de fandoms fue visto por gran parte de la comunidad K-pop como un crimen, no una broma.
Ni HYBE ni el propio Soobin confirmaron la veracidad de la denuncia ante ICE, y el post original desapareció. Aun así, el episodio desató una ola de reacciones en múltiples plataformas y reabrió el debate sobre los límites que ciertos seguidores están dispuestos a cruzar.
Un patrón que se repite: la industria frente a sus propias contradicciones
El caso de Soobin no es aislado. En 2021, fue registrado en video golpeándose la cabeza al subir a un vehículo mientras intentaba escapar de una multitud de sasaengs a la salida del programa Music Bank; el incidente desató una campaña del fandom exigiendo mejores protocolos de seguridad para los artistas. Años antes, un sasaeng había seguido a su compañero Beomgyu hasta el baño de un edificio para fotografiarlo.
El cantante de K-pop Kim Jae-joong, exintegrante de TVXQ!, relató públicamente en 2024 que vivió más de dos décadas de acoso sistemático: sasaengs irrumpían en su hogar, dejaban objetos íntimos en su dormitorio y colaboraban con taxistas para rastrearlo. Sus declaraciones se viralizaron y renovaron el debate sobre la necesidad de marcos legales más sólidos.
Recién en 2021 Corea del Sur aprobó legislación que tipifica el acecho a celebridades como delito con penas de hasta cinco años de prisión. Sin embargo, la aplicación de esta ley enfrenta obstáculos cuando el acoso ocurre a través de redes digitales o involucra a ciudadanos de otros países.
La voz de los fans: entre la denuncia y el debate
Lo que distingue el caso de Soobin de otros episodios similares es la respuesta organizada de su fandom. Los MOA han lanzado campañas masivas de correos electrónicos a BIGHIT Music, elaborado plantillas de denuncia para reportar cuentas en múltiples plataformas y generado tendencias en X exigiendo sanciones concretas.
Al mismo tiempo, el debate interno en el fandom es cada vez más maduro: ¿cómo distinguir entre un fan apasionado y un acosador? ¿Cuándo el shipping —la práctica de imaginar relaciones románticas entre idols— cruza hacia el territorio del acoso? ¿Qué responsabilidad tienen las plataformas digitales que permiten la monetización de contenido íntimo sin consentimiento?
Estas preguntas, que el fandom global del K-pop lleva años esquivando, han encontrado en el caso de Soobin un punto de quiebre difícil de ignorar.
Lo que está en juego
El K-pop es hoy una industria de alcance global que mueve miles de millones de dólares al año. Su modelo de negocio se sostiene, en parte, sobre la cercanía cultivada entre artistas y fans: videollamadas pagas, fan meetings presenciales, contenido exclusivo en plataformas como Weverse. Esa cercanía es también la puerta por la que ciertos individuos han encontrado la forma de transgredir límites con relativa impunidad.
El caso de Soobin pone en evidencia una contradicción estructural: la misma industria que construyó ese vínculo íntimo entre idols y fanáticos aún no ha desarrollado mecanismos suficientes para proteger a sus artistas cuando ese vínculo se convierte en amenaza.
Mientras tanto, Soobin sigue en los escenarios.
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Fuentes consultadas: Latinus, AMK Station, Music Mundial, Infobae, Soompi, Koreaboo, El Imparcial, Hype Malaysia, BioBioChile, Republic World.