
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes que las hostilidades con Irán han concluido, justo al cumplirse el límite de 60 días que establece la Resolución de Poderes de Guerra de 1973 para operaciones militares sin autorización del Congreso. Sin embargo, su declaración contrasta con la permanencia de fuerzas militares en la región, el mantenimiento de un bloqueo naval estratégico y el reconocimiento explícito de que la amenaza iraní continúa vigente.
En una carta enviada a los líderes del Capitolio, Trump sostuvo que no ha habido enfrentamientos directos desde inicios de abril y que el conflicto iniciado a finales de febrero “ha cesado”. No obstante, en el mismo documento admitió que Irán sigue representando un riesgo significativo para Estados Unidos y sus fuerzas armadas, lo que ha generado críticas por la ambigüedad de su postura.
Lejos de una retirada, Washington mantiene buques de guerra desplegados en torno al estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del mundo, mientras refuerza un bloqueo naval destinado a impedir la exportación de petróleo iraní. Esta estrategia, según el propio mandatario, ha resultado “más efectiva que los bombardeos” y se ha convertido en la principal herramienta de presión para forzar a Teherán a negociar su programa nuclear.
El conflicto, que ha tensado los mercados internacionales y elevado los precios del crudo, permanece en una fase de incertidumbre. Las negociaciones entre ambas naciones se encuentran estancadas tras un fallido encuentro diplomático en Islamabad, y aunque Irán ha planteado condiciones para reducir la escalada incluyendo concesiones sobre el control del estrecho, la Casa Blanca ha rechazado cualquier acuerdo que no aborde directamente el desarme nuclear.
En el frente interno, la decisión presidencial ha reavivado un intenso debate sobre los límites del poder ejecutivo. Legisladores de ambos partidos cuestionaron la legalidad de las acciones de Trump, especialmente tras su negativa a solicitar autorización formal del Congreso. El senador Tim Kaine advirtió que la ley no respalda la interpretación de la Casa Blanca sobre el cese al fuego, mientras que la senadora Susan Collins rompió filas dentro de su partido al insistir en que el plazo legal “no es opcional”.
Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y el presidente pro tempore del Senado, Chuck Grassley, recibieron la notificación oficial en medio de crecientes presiones para que el Congreso recupere su papel en decisiones de guerra.
A pesar de declarar el fin de las hostilidades, la administración Trump deja claro que el conflicto con Irán no ha terminado, sino que ha entrado en una nueva fase: una guerra sin disparos, pero con presión económica, despliegue militar y una disputa legal que podría redefinir el equilibrio de poderes en Estados Unidos.