
Londres, 18 de octubre de 2025. — En una decisión sin precedentes dentro de la monarquía británica contemporánea, el príncipe Andrew, hijo de la fallecida reina Isabel II y hermano del actual monarca Carlos III, anunció oficialmente su renuncia al uso del título de Duque de York, así como a varios de sus honores reales, tras años de controversia pública derivada de su vinculación con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, condenado por tráfico sexual de menores.
El anuncio fue confirmado este viernes a través de un comunicado emitido por el Palacio de Buckingham, en el que se detalló que la decisión fue tomada “tras conversaciones con Su Majestad y otros miembros de la familia real”, con el propósito de evitar que el escándalo continúe empañando la imagen de la institución monárquica.
“Las acusaciones y la atención pública que han recaído sobre mí se han convertido en una distracción para la labor de Su Majestad y de la familia real. Por ello, con el apoyo de mi familia, he decidido dar un paso al costado y dejar de usar mis títulos y honores”, expresó Andrew en el comunicado.
Aunque legalmente el título de Duque de York no puede ser retirado sin una ley aprobada por el Parlamento británico, el príncipe ha renunciado a usarlo de manera pública, lo que equivale a una separación simbólica y protocolaria de sus deberes reales. La medida también incluye la suspensión de su pertenencia activa a la Orden de la Jarretera y a la Gran Cruz de la Real Orden Victoriana, dos de las distinciones más importantes otorgadas por la Corona.
Un escándalo que nunca se disipó
La figura del príncipe Andrew se ha visto envuelta en la controversia desde que salieron a la luz sus estrechos vínculos con Jeffrey Epstein, quien fue hallado muerto en prisión en 2019 mientras esperaba juicio por cargos de tráfico sexual y abuso de menores. Diversos testimonios y documentos judiciales mencionaron al príncipe como asistente frecuente a las reuniones y eventos organizados por Epstein en Londres, Nueva York y las Islas Vírgenes.
Entre los casos más notorios se encuentra la denuncia presentada por Virginia Giuffre, quien lo acusó de agresión sexual cuando era menor de edad. Aunque Andrew negó los señalamientos, en 2022 llegó a un acuerdo extrajudicial millonario con la denunciante, lo que, según expertos, selló el final de su carrera pública dentro de la monarquía.
Desde entonces, el príncipe se ha mantenido alejado de los actos oficiales y ha sido excluido de representaciones públicas, pese a que conserva formalmente su título de “príncipe” por derecho de nacimiento.
Reacción del Palacio y del público británico
La renuncia al título ha sido interpretada como una presión directa del rey Carlos III, quien busca preservar la credibilidad y estabilidad de la Corona en medio de los cuestionamientos éticos que rodean a varios de sus miembros. Fuentes cercanas al Palacio de Buckingham citadas por The Guardian afirmaron que la medida “era inevitable” y que el rey “no podía permitir que el escándalo de Epstein continuara vinculado a la institución”.
En las calles de Londres, la noticia generó reacciones divididas. Mientras algunos británicos consideran que la decisión “llega tarde, pero es necesaria”, otros opinan que se trata de un acto simbólico insuficiente. “No basta con renunciar a los títulos; debería enfrentarse a la justicia como cualquier otra persona”, comentó un manifestante entrevistado por BBC News.
Efectos dentro de la monarquía
La decisión marca un punto de inflexión para la familia real británica. Analistas consideran que el caso Andrew ha obligado a la monarquía a modernizar su relación con la opinión pública y a aplicar estándares más estrictos de conducta entre sus miembros.
El título de Duque de York, históricamente asociado a figuras destacadas como el rey Jorge VI, regresará eventualmente a la Corona, ya que Andrew no tiene herederos varones. Esto podría permitir su reasignación en el futuro, aunque no se prevé que ocurra durante el actual reinado.
Una caída prolongada
Desde su entrevista en 2019 con la cadena BBC —considerada uno de los peores desastres mediáticos en la historia reciente de la familia real—, la reputación del príncipe Andrew se ha deteriorado de manera irreversible. En aquella ocasión, intentó defender su amistad con Epstein, asegurando no recordar haber conocido a Giuffre y negando toda conducta inapropiada, pero sus respuestas generaron indignación y descrédito público.
A pesar de los intentos por mantener un bajo perfil, el caso Epstein continúa persiguiendo al príncipe. Recientes filtraciones de correos electrónicos y testimonios judiciales han renovado la atención mediática, obligando a la Casa Real a tomar medidas más severas.
La renuncia de Andrew a su título de Duque de York representa el cierre simbólico de una etapa marcada por el escándalo, el aislamiento y la pérdida de privilegios. Sin embargo, también deja abiertas preguntas sobre la responsabilidad institucional de la monarquía británica frente a las acusaciones que han afectado su imagen en los últimos años.