30 de septiembre de 2025, Oaxaca, Oax.- En el marco del Día Nacional del Maíz, Oaxaca reafirma su papel como el principal productor de variedades nativas en México, al resguardar y cultivar 35 de las 59 razas originarias que existen en el país.

El maíz, considerado el corazón de la alimentación mexicana, tiene un profundo arraigo histórico y cultural. Su origen mesoamericano ha permitido que, a lo largo de más de siete mil años, comunidades campesinas e indígenas lo domesticaran y diversificaran, dando lugar a una riqueza genética única en el mundo. Actualmente, México cuenta con 64 especies de maíz, de las cuales 59 son razas nativas, siendo Oaxaca el estado con mayor concentración y diversidad.

Guardianes de la milpa

Los pueblos oaxaqueños no solo cultivan maíz: preservan saberes ancestrales asociados a la milpa, sistema agrícola que combina maíz, frijol, calabaza y otras plantas. Este modelo, además de garantizar alimentos, mantiene la fertilidad del suelo y fomenta la biodiversidad. Regiones como la Sierra Norte, la Mixteca, la Sierra Sur, la Costa y los Valles Centrales son reconocidas por albergar variedades como zapalote chico, bolita, tuxpeño, olotillo, ancho y serrano mixe, entre muchas más.

Para las comunidades, cada grano representa más que alimento: es semilla de identidad, rituales y festividades. En Oaxaca, el maíz se convierte en tamales, tortillas, atoles, tejate, pozoles y una enorme variedad de platillos que forman parte de la vida cotidiana y ceremonial.

Patrimonio genético frente a la modernidad

Expertos en agroecología señalan que esta diversidad es clave para la seguridad alimentaria del país, ya que las razas nativas poseen adaptaciones naturales que las hacen resistentes a sequías, plagas y variaciones climáticas, cualidades que resultan estratégicas ante el cambio climático. Además, la diversidad genética del maíz nativo es un recurso invaluable para la ciencia y la innovación agrícola.

Sin embargo, las comunidades campesinas enfrentan retos frente al avance de monocultivos híbridos y transgénicos, así como la migración y el abandono del campo. Pese a ello, Oaxaca ha sabido consolidar programas comunitarios y colectivos de guardianes de semillas, ferias de intercambio y mercados locales que fortalecen la producción y consumo del maíz nativo.

Oaxaca, capital del maíz nativo

En este Día Nacional del Maíz, la entidad se reconoce no solo como un centro de producción, sino como un espacio de resistencia cultural. El hecho de que Oaxaca resguarde más de la mitad de las razas nativas del país lo coloca como pieza clave en las estrategias de conservación de un grano que trasciende lo agrícola para convertirse en patrimonio cultural inmaterial de México.

“Defender el maíz nativo es defender la vida misma, nuestra historia y nuestro futuro”, señalan productores en las ferias del grano que este fin de semana se celebran en diversas comunidades del estado.

Con este reconocimiento, Oaxaca no solo alimenta mesas, sino también fortalece raíces, identidad y soberanía alimentaria para México y el mundo.