
Oaxaca de Juárez, julio 2025 — Cada año, Oaxaca se llena de música, colores y danzas durante los Lunes del Cerro, el corazón de la Guelaguetza, una de las festividades indígenas más importantes de América Latina. Pero detrás del espectáculo que atrae a miles de turistas se esconde una historia milenaria que conecta a los oaxaqueños con sus raíces más profundas.
De los dioses del maíz al escenario mundial
El origen de los Lunes del Cerro se remonta a tiempos prehispánicos. Los pueblos zapotecas y mixtecos realizaban rituales en honor a Centéotl o Xilonen, diosas del maíz, para pedir lluvias y buenas cosechas. Estos rituales se llevaban a cabo en Daninayaaloani, el actual Cerro del Fortín, y podían durar hasta ocho días.
Con la llegada de los españoles, las ceremonias indígenas se mezclaron con celebraciones católicas, como Corpus Christi y el día de la Virgen del Carmen. En las faldas del cerro se construyó el Templo del Carmen Alto, dando pie a un sincretismo único donde lo indígena y lo europeo convivían en danzas, ofrendas y cantos.
El renacimiento cultural del siglo XX
Aunque la tradición sobrevivió de manera local durante siglos, fue en 1932, durante el cuarto centenario de la fundación de Oaxaca, cuando se organizó el llamado Homenaje Racial. En este evento, delegaciones de las ocho regiones del estado presentaron sus danzas, trajes típicos y música en la Rotonda de las Azucenas. Este momento marcó el nacimiento de la Guelaguetza moderna.
A partir de 1951, la celebración se institucionalizó, y en 1974 se construyó el Auditorio Guelaguetza, un espacio diseñado para albergar a miles de espectadores en las laderas del Cerro del Fortín.
Mucho más que un espectáculo
La palabra guelaguetza proviene del zapoteco guendalizaa, que significa ofrenda o compartir. Este principio de reciprocidad está en el corazón de la fiesta: no solo se presentan danzas, sino que las delegaciones reparten productos típicos como frutas, café y artesanías al público, en un gesto simbólico de generosidad comunitaria.
Además, en las noches previas, se presentan puestas en escena como la Leyenda de la Princesa Donají y el Bani Stui Gulal (“repetición de lo antiguo”), que relatan episodios de la historia y cultura de Oaxaca.
Una tradición que cruza fronteras
Hoy, los Lunes del Cerro son mucho más que una fiesta local. Son un símbolo de identidad, resistencia cultural y orgullo para Oaxaca. Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial, la Guelaguetza es transmitida a nivel nacional e internacional, y cada año reúne a miles de visitantes que son testigos de una celebración donde pasado y presente bailan al mismo son.