
Pinotepa de Don Luis, Oaxaca — En la costa mixteca oaxaqueña, un grupo de indígenas afromixtecos mantiene viva una tradición milenaria: la extracción del tinte púrpura que da vida a sus textiles artesanales, utilizando de forma sustentable un caracol marino conocido como Purpura pansa. Sin embargo, esta práctica única enfrenta una amenaza crítica por la disminución de esta especie y los cambios en su ecosistema.
Los guardianes de este saber ancestral son los tintoreros de Pinotepa de Don Luis, hombres que, generación tras generación, han aprendido a “ordeñar” al caracol sin causarle daño. Con un soplo y una ligera presión en su glándula, logran que el molusco excrete una sustancia blanca que, al contacto con el sol y el aire, se transforma en un vibrante tono púrpura. Este pigmento es usado para teñir hilos de algodón que luego se convierten en huipiles, fajas y otros textiles tradicionales.
“El caracol no se mata, se respeta. Así nos enseñaron nuestros abuelos”, afirma don Porfirio Hernández, tintorero y defensor del litoral. Él y su comunidad han sido reconocidos incluso por la UNESCO como portadores de un patrimonio cultural inmaterial.
Sin embargo, el entorno que da vida a esta práctica está en riesgo. La pesca indiscriminada, el saqueo de caracoles por parte de foráneos y el cambio climático han reducido la población de Purpura pansa, que sólo habita en ciertas rocas del litoral oaxaqueño. Para enfrentar esta situación, los tintoreros han implementado medidas de conservación comunitaria, como vedas rotativas, vigilancia costera y educación ambiental en las escuelas locales.
También han solicitado el respaldo del gobierno estatal y federal, así como de organizaciones ambientales, para declarar zonas de protección marina y fortalecer proyectos productivos sustentables que vinculen turismo, artesanía y conservación.
“Nuestro tinte no sólo es color, es identidad. Si el caracol se pierde, se apaga una parte de nuestra cultura”, afirma Rosario Reyes, artesana de la región.
El llamado de Pinotepa de Don Luis es claro: sin el caracol, no hay púrpura; sin púrpura, no hay memoria. Y en ese tono profundo y vibrante, tejido con el mar, la historia y la resistencia, sigue latiendo el alma de un pueblo.