Ciudad de México, 29 de junio de 2025 — En un gesto inusual y significativo, la Iglesia católica en México reconoció públicamente que ha fallado en su acompañamiento a las juventudes. A través de un mensaje emitido por la Arquidiócesis Primada de México, se pidió perdón a los jóvenes que en algún momento se sintieron “rechazados o alejados” de la institución.

“Nos comprometemos a caminar con ustedes, no como jueces, ni como figuras lejanas, sino como hermanos y hermanas en la fe”, señala el comunicado publicado este fin de semana, que forma parte de una reflexión más amplia sobre el papel de la Iglesia en la vida de las nuevas generaciones.

El mensaje también adelanta que se implementará una “nueva actitud pastoral”, basada en la escucha activa, la inclusión y el reconocimiento de los desafíos particulares que enfrentan los jóvenes en la actualidad, desde la crisis de salud mental y las adicciones, hasta la desafección religiosa y el desencanto institucional.

El pronunciamiento ha generado diversas reacciones en redes sociales. Mientras algunos lo han recibido con esperanza y como un paso hacia la reconciliación, otros lo ven como insuficiente o tardío frente a años de distanciamiento y posturas moralizantes por parte del clero.

Organizaciones juveniles católicas celebraron el tono empático del mensaje, aunque pidieron que no se quede solo en palabras: “Necesitamos espacios seguros, reales, donde podamos expresar nuestras dudas, convicciones y dolores sin miedo a ser juzgados”, expresó una representante de la pastoral juvenil en un foro digital.

Este giro pastoral ocurre en un contexto en el que la Iglesia enfrenta una caída sostenida en su influencia entre los jóvenes mexicanos. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas 2024, menos del 25% de los jóvenes entre 18 y 29 años asisten regularmente a servicios religiosos.

El llamado de la Arquidiócesis marca un momento clave para el futuro de la Iglesia en México, que parece comenzar a entender que acercarse a los jóvenes requiere humildad, coherencia y transformación profunda.