El estadounidense de 45 años era el conductor que manejaba el vehículo en el que murieron al menos 53 personas. Es el más grande caso de migrantes fallecidos en EE.UU. del que haya registro.
Zamorano ya recibió cargos federales por «tráfico de extranjeros con resultado mortal», informó el Departamento de Justicia de EE.UU.
«Si es declarado culpable, Zamorano enfrenta cadena perpetua o posiblemente la pena de muerte», señala.
Junto a él, otro estadounidense, Christian Martínez, enfrenta los mismos cargos. Dos mexicanos, Juan Claudio D’Luna Méndez y Juan Francisco D’Luna Bilbao, están siendo procesados bajo distintos cargos por su posible participación en el fatal incidente.
Conforme ha avanzado la investigación, han surgido más detalles de quién es Zamorano y por qué se le responsabiliza de la tragedia que ha puesto de luto a decenas de familias en México, Guatemala, Honduras y El Salvador.
El pasado 27 de junio, Zamorano condujo el tráiler en el que aparecieron los migrantes en la ruta que va de Laredo, en la frontera, a San Antonio, un trayecto de unos 250 km.
Fue captado por las cámaras en un punto de inspección del servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) a unos 50 km de distancia desde Laredo.
Sin embargo, el vehículo no fue revisado debidamente. El gobernador de Texas, Greg Abbott, aseguró que ocurrió así «porque la Patrulla Fronteriza no tiene los recursos para poder inspeccionar todos los camiones».
Horas después, cuando ocurrió el hallazgo de los migrantes, Zamorano «fue encontrado escondido en la maleza después de intentar fugarse», según la investigación del Departamento de Justicia.
En un principio, los servicios de emergencia le prestaron ayuda, pero luego fue detenido por la policía de San Antonio.
La investigación ha revelado que, aparentemente, Zamorano no sabía que el aire acondicionado del tráiler no funcionaba. Los migrantes estaban en el vehículo con mínima ventilación en un día que rozó los 40 °C a la sombra.
Los cuerpos de emergencia que hallaron a los migrantes muertos dijeron que estaban «calientes al tacto».