
La emblemática producción de mango en el Istmo de Tehuantepec, columna vertebral económica y social de más de 5 000 pequeños productores en la región, se encuentra bajo asedio. No solo los fuertes vientos asociados a los frentes fríos de la temporada, que derriban flores y frutos tiernos y retrasan la cosecha, están provocando pérdidas considerables, sino que también la creciente inseguridad local está afectando la exportación y certificación del producto que llega a mercados internacionales como Estados Unidos y Europa.
Los productores señalan que las ráfagas, en algunos casos superiores a los 100 km/h, han provocado la caída masiva de flores y mangos jóvenes, reduciendo la calidad y cantidad de la fruta disponible para el corte y la exportación. Esto ha impactado los precios de manera drástica: cajas de mango Ataulfo que el año pasado se pagaban hasta 900 pesos ahora rondan los 450 pesos, y otras variedades han sufrido caídas similares en sus valoraciones.
A esto se suma un clima de inseguridad que ha interferido directamente con los procesos de certificación exigidos por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). En San Pedro Tapanatepec, una balacera ajena al sector agrícola obligó a que inspectores internacionales suspendieran temporalmente su labor de certificación, generando retrasos y elevando la incertidumbre entre los productores.
Este doble impacto, del cambio climático y la inseguridad, no solo reduce los rendimientos agrícolas, sino que amenaza empleos y medios de vida. La industria del mango en el Istmo no solo genera ingresos por la producción directa de la fruta, sino que sostiene a trabajadores de campo, transportistas, empacadores y vendedores locales. Cuando la cosecha se retrasa o disminuye, toda la cadena económica se resiente.
Además, los productores viven año con año las señales de un clima cada vez más errático: desde lluvias atípicas que retrasaron cosechas en años anteriores hasta eventos prolongados de vientos intensos que dañan flores y frutos, todo ello reflejo de los efectos palpables del cambio climático en la región.
El gobernador del estado ha anunciado apoyos para enfrentar esta crisis, pero los productores piden acciones más contundentes que combinen políticas de seguridad, adaptación climática y apoyo técnico para garantizar la resiliencia del sector. La situación del mango en Oaxaca se ha convertido en un barómetro del desafío que enfrentan las comunidades rurales ante fenómenos que ponen en riesgo su sustento y que demandan atención inmediata de autoridades y sociedad civil.
La advertencia es clara: si no se logra estabilizar tanto las condiciones de producción como la seguridad en la región, una de las principales fuentes de empleo y exportación del Istmo podría entrar en declive con consecuencias económicas y sociales profundas para miles de familias.