
Oaxaca registró seis casos de intoxicación por monóxido de carbono en 2025, una cifra que representa una reducción del 81 % respecto a los 32 casos reportados en el mismo periodo de 2024, según datos oficiales de las autoridades de salud.
Este descenso es, sin duda, una buena noticia estadística, pero la verdadera historia no está en los números, sino en el riesgo latente que representa este gas silencioso e imperceptible para la salud de las familias oaxaqueñas, especialmente durante la temporada de frío. Las autoridades de los Servicios de Salud de Oaxaca han insistido en que la reducción de casos no debe llevar a la complacencia, sino a reforzar las medidas preventivas en los hogares.
El monóxido de carbono es un gas incoloro e inodoro que se produce por la combustión incompleta de materiales como gas, madera, carbón, queroseno o gasolina, y puede generarse en estufas, calentadores, parrillas o motores de vehículos, sobre todo en espacios cerrados o con poca ventilación.
Lo más inquietante de este gas es que no alerta con olor ni color, y cuando los síntomas aparecen —dolor de cabeza, mareos, náuseas, debilidad o confusión— muchas veces ya es demasiado tarde. Por eso, organismos internacionales como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) subrayan que la intoxicación por monóxido de carbono es totalmente prevenible si se conocen los riesgos, se instalan detectores adecuados en el hogar y se mantiene la ventilación y el mantenimiento de los aparatos de combustión.
En contextos donde las familias recurren a fogones, leña o calentadores para mitigar el frío, especialmente en zonas vulnerables, la prevención no es un lujo: es una cuestión de vida o muerte. Las autoridades de Oaxaca recomiendan evitar el uso de estufas o hornos de gas para calentar habitaciones, no dejar motores encendidos en cocheras cerradas y asegurar una adecuada ventilación en todos los espacios donde se empleen fuentes de combustión.
La reducción de casos nos muestra que las acciones de prevención y comunicación funcionan, pero el monóxido de carbono sigue ahí, esperando silenciosamente en la oscuridad de una habitación mal ventilada. Las cifras bajas no significan que el peligro haya desaparecido, y cada familia que adopta medidas de seguridad en su hogar está dando un paso concreto para proteger la vida de quienes más ama.