
Oaxaca, 5 de enero de 2026. — En la región de Chivela, comunidad perteneciente a Ciudad Ixtepec y la más cercana al punto exacto del descarrilamiento, el ambiente cambió de forma radical. Donde antes había expectativa por el paso del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, hoy predominan el miedo, la desconfianza y la incertidumbre entre la población.
Los habitantes no olvidan el estruendo. Maribel Nolasco, vecina de la zona, recuerda con claridad el momento en que ocurrió la tragedia. El impacto fue tan fuerte que confundió el sonido con un sismo.
“Se escuchó un ruido y yo pensé que era un temblor. Me quedé pegada al roble esperando que temblara… ¿y tembló? Era el accidente…”, relató.
“Lleven mecates y machetes”
La reacción comunitaria fue inmediata. Tras el fuerte ruido, los altavoces del pueblo —generalmente usados para avisos locales— comenzaron a emitir un llamado urgente de auxilio.
“Se invitaba al pueblo en general a que llevaran mecates, machetes, para que fueran a ayudar porque el tren se había descarrilado…”, recordó Maribel.
La solidaridad se activó de inmediato. Dinora González Santos, otra habitante de la región, narró cómo vecinos de distintas comunidades se organizaron para llegar hasta el lugar del siniestro.
“Nosotros subimos con una retroexcavadora de mi padrino… llegamos al lugar de los hechos, caminamos como 200 metros todavía para llegar a donde estaba el siniestro y ayudar a las personas”, explicó.
Estaciones vacías y temor a viajar
Tras el accidente, las estaciones de la Línea Z del Tren Interoceánico —Salina Cruz, Ixtepec y Matías Romero— permanecen sin operación y bajo resguardo de las autoridades. Sin embargo, más allá del cierre temporal, lo que persiste es el temor entre la población.
Al recorrer la zona, el sentimiento es compartido: la confianza en el proyecto ferroviario se fracturó.
“No me subiría nunca. ¿Ya no se subirá? ¡No! Aunque me dicen ‘también el carro choca’, pero pues ahora da miedo el tren”, expresó Maribel Nolasco.
En la comunidad de Lagunas, Servando Cacique fue tajante: “No, pues no, no subiría a mi familia, la verdad no”.
Mientras que en Matías Romero, Lupita Jiménez reconoció que el accidente cambió su percepción: “Pues ya quería subirme, pero viendo lo del accidente, ya se me quitaron las ganas…”.
Incertidumbre sobre el futuro del servicio
Para algunos pobladores, la solución ideal sería reducir el riesgo al máximo. Dinora González Santos considera que el servicio de pasajeros debería replantearse.
“Lo que me gustaría a mí es que ya no transitaran personas, que solo fuera tren de carga… porque la verdad no sabemos si están bien las vías, si van a quedar bien, no sabemos”, señaló.
Hasta el momento, no existe una fecha oficial para la reanudación del servicio de pasajeros en la Línea Z del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Mientras tanto, en las comunidades cercanas al accidente, el estruendo sigue resonando en la memoria colectiva, acompañado de una pregunta que permanece abierta: ¿es seguro volver a subir al tren?