Ciudad de México, 2 de octubre de 2025 — Con cada aniversario del 2 de octubre, México repasa un suceso clave en su historia moderna: la represión de manifestantes estudiantiles en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. A más de medio siglo, el episodio sigue siendo objeto de debates, investigaciones y memoria colectiva.

Antecedentes y contexto político

Durante la década de 1960, México vivía tensiones políticas internas en un régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que, aunque había logrado estabilidad y crecimiento económico en algunas décadas anteriores, enfrentaba críticas por su centralismo, la falta de libertades políticas reales y el control estricto del orden público.

En ese contexto, el movimiento estudiantil de 1968 emergió como un reclamo por mayores libertades políticas, autonomía universitaria y rendición de cuentas frente a abusos policiales. 

El conflicto se intensificó después del 22 de julio de 1968, cuando hubo una violenta confrontación entre estudiantes de la UNAM y el IPN (Instituto Politécnico Nacional) en la Ciudadela, y una intervención agresiva por parte de granaderos del Distrito Federal. 

Ese hecho generó protestas más amplias en universidades, centros de estudio y organizaciones civiles, y la conformación del Consejo Nacional de Huelga (CNH) el 2 de agosto de 1968 como instancia unificadora de estudiantes en lucha. 

Las autoridades respondieron con medidas de represión, vigilancia política, infiltración y restricción de la libertad de expresión para contener el auge estudiantil. 

Otro factor importante: México sería sede de los Juegos Olímpicos en octubre de ese mismo año, lo cual elevó la presión del gobierno para proyectar una imagen de paz, orden y estabilidad internacionalmente. 

Qué sucedió el 2 de octubre de 1968

En la tarde del 2 de octubre, miles de estudiantes, vecinos y simpatizantes se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco para asistir a un mitin convocado por el CNH. 

El suceso se desarrolló de esta forma —con variaciones según distintas fuentes—:

Poco antes de que terminara el mitin, se escucharon disparos provenientes de un grupo armado vestido de civil y también se usaron bengalas desde un helicóptero sobre la plaza.  Tropas del Ejército y elementos del Batallón Olimpia (un grupo paramilitar) intervinieron con armas de fuego durante aproximadamente una hora y media.  El saldo oficial del gobierno indicó 40 personas fallecidas. Sin embargo, versiones independientes estiman entre 300 y 400 muertes, además de miles de heridos, detenidos, desaparecidos y cuerpos retirados clandestinamente.  Muchos cuerpos habrían sido retirados en camiones de basura o vehículos no identificados, lo que complicó un conteo preciso de víctimas.  Las detenciones masivas llevaron a los detenidos al Campo Militar Número 1, donde fueron revisados, interrogados y, en casos, sometidos a vejaciones. 

Tras los hechos, el gobierno intentó explicar que el episodio fue resultado de provocaciones estudiantiles y que la intervención fue necesaria para restablecer el orden. Las versiones oficiales minimizaron el número de víctimas, y las investigaciones posteriores han cuestionado esa narrativa. 

Uno de los funcionarios militares más destacados involucrados fue Marcelino García Barragán, quien ocupaba la Secretaría de la Defensa Nacional en ese entonces y asumió públicamente responsabilidad en el operativo militar del 3 de octubre de 1968. 

De la memoria a lo contemporáneo

Después de 1968, el episodio del 2 de octubre se convirtió en un símbolo de lucha social y de reclamo por la justicia en México. A lo largo de las décadas:

Surgieron obras literarias, testimoniales y artísticas que recrearon el suceso desde la memoria viva, como La noche de Tlatelolco: Testimonios de historia oral de Elena Poniatowska.  Se formaron lugares de memoria y sitios simbólicos en Tlatelolco, que atraen a quienes buscan reflexionar sobre ese pasado.  En años recientes, el gobierno mexicano ha despejado documentos clasificados relativos al movimiento estudiantil de 1968, y el Inai (Instituto Nacional de Transparencia) ha liberado archivos que antes estaban restringidos.  En 2021, se propuso oficialmente la creación de una Comisión de la Verdad para investigar el periodo conocido como “Guerra Sucia” (1965–1990), lo que incluye también las represiones posteriores al 68.  Cada 2 de octubre se organizan marchas y actos conmemorativos en distintas ciudades mexicanas, con demandas constantes de verdad, justicia, reparación y no repetición. 

No obstante, la cifra real de víctimas sigue sin definirse con certeza y los mecanismos de justicia no han concluido plenamente su esclarecimiento. 

Vínculo con la familia de García Harfuch: memoria y responsabilidad histórica

Un elemento que resalta en la narrativa contemporánea es la conexión entre el 2 de octubre de 1968 y la figura de Marcelino García Barragán, abuelo paterno del funcionario Omar García Harfuch.

Marcelino García Barragán fue militar de alto rango, gobernador de Jalisco y titular de la Secretaría de la Defensa Nacional durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.  Se le considera uno de los responsables del operativo militar en Tlatelolco, y él mismo, al día siguiente del 2 de octubre, en conferencia de prensa, aceptó que la Sedena participó.  En medio del debate público al momento de propuestas de nombramientos para cargos de seguridad pública, la herencia histórica de García Barragán ha sido objeto de análisis y críticas por parte de periodistas y comentaristas sobre la memoria y responsabilidad política.  Ese vínculo familiar se ha convertido en un elemento simbólico: mientras muchos exigen que siga vivo el reclamo por justicia para las víctimas del 68, el hecho de que un descendiente esté vinculado al aparato de seguridad genera cuestionamientos sobre la reconciliación entre la memoria histórica y la política contemporánea. 

Así, el episodio del 2 de octubre no es solo un capítulo histórico cerrado: repercute en cómo México negocia su pasado y define responsabilidades políticas en el presente.