El sedentarismo y el abuso de pantallas están ganando terreno en la infancia y la adolescencia, con graves consecuencias para la salud física y emocional.
El sedentarismo y el abuso de pantallas están ganando terreno en la infancia y la adolescencia, con graves consecuencias para la salud física y emocional. Así lo revela el estudio longitudinal PASOS 2022-2025, impulsado por la Fundación Gasol, que ha seguido durante años los hábitos de vida de miles de menores en España.
Las cifras preocupan: los niños y adolescentes pasan 11 horas más a la semana frente a dispositivos electrónicos que hace apenas unos años, realizan 18 minutos menos de ejercicio diario y un 36% admite sentirse triste, preocupado o infeliz de manera frecuente. El informe también advierte que seis de cada diez menores no alcanzan la hora mínima de actividad física moderada o intensa que recomienda la Organización Mundial de la Salud, especialmente entre las niñas y los adolescentes.
A la falta de movimiento se suman peores hábitos de alimentación, menos horas de sueño y un aumento del sobrepeso y la obesidad, sobre todo en familias con menos recursos. El impacto no es solo físico: aumentan los casos de ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima y dificultades para socializar, además de un descenso en el rendimiento académico y más episodios de absentismo escolar.
El papel de la familia es decisivo
Expertos coinciden en que la clave para revertir esta tendencia está en un trabajo conjunto entre escuela y hogar. El ejemplo de padres y madres que llevan una vida activa, el control del tiempo de pantallas, y el fomento de actividades que se perciban como divertidas y no como una obligación, son pilares para lograr que el deporte se convierta en un hábito duradero.
Caminar al colegio, salir al parque, practicar deportes variados, hacer excursiones en familia o simplemente jugar al aire libre son estrategias sencillas pero efectivas. La recomendación final de los especialistas: poner el foco en el disfrute y no en la presión por el rendimiento, celebrar los pequeños logros y permitir que cada niño encuentre la actividad que más le motive.
Porque el deporte, además de prevenir enfermedades, mejora el bienestar emocional, reduce el estrés y fortalece la autoestima, convirtiéndose en un aliado indispensable en el desarrollo saludable de niños y adolescentes.