
Ciudad de México, 4 de agosto de 2025 — En México, el Congreso de la Unión está compuesto por representantes electos de dos formas: de mayoría relativa (voto directo) y de representación proporcional, conocidos popularmente como plurinominales. Aunque suelen generar polémica y críticas, los plurinominales tienen un origen y función fundamentales para mantener el equilibrio político y evitar la hegemonía de un solo partido.
¿Cuál es el origen de los plurinominales?
La figura de los legisladores de representación proporcional surgió en 1977, mediante la Reforma Política impulsada por el presidente José López Portillo, con el fin de abrir el sistema político mexicano a la pluralidad y dar cabida a partidos minoritarios que no podían competir en igualdad de condiciones con el hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Antes de esta reforma, el PRI controlaba casi todos los espacios legislativos a través del sistema de mayoría relativa. Con la inclusión de diputados plurinominales, se abrió una vía legal para que otros partidos tuvieran representación parlamentaria sin necesidad de ganar en las urnas por voto directo.
Posteriormente, en 1996 se incluyeron también senadores plurinominales, como parte de una reforma que fortaleció la representación proporcional en ambas cámaras.
¿Cómo funciona la representación proporcional?
En la Cámara de Diputados (500 integrantes), 300 son electos por mayoría relativa en distritos uninominales y 200 por representación proporcional a través de cinco circunscripciones plurinominales. En el Senado (128 integrantes), 96 se eligen por mayoría (tres por estado) y 32 son senadores plurinominales asignados según el porcentaje nacional de votos obtenidos por cada partido.
El mecanismo de representación proporcional se basa en el principio de que los partidos deben tener escaños en proporción a los votos que reciben a nivel nacional, con ciertos límites establecidos para evitar sobrerrepresentaciones.
¿Por qué son necesarios los plurinominales?
Garantizan pluralidad y representación de minorías Permiten que partidos con respaldo social significativo, pero sin fuerza suficiente para ganar distritos, tengan voz y voto en el Congreso. Evitan la hegemonía de un solo partido Sin plurinominales, un partido que gane la mayoría de distritos podría controlar casi todo el Congreso sin una correlación real con su porcentaje de votos. La ley electoral mexicana impide que un partido tenga más del 8% de sobrerrepresentación entre votos obtenidos y curules asignadas, gracias a este sistema mixto. Fomentan el equilibrio entre mayorías y oposición En contextos donde un partido obtiene mayoría absoluta o calificada, los plurinominales permiten que haya voces críticas que vigilen, debatan y enriquezcan la agenda legislativa. Fortalecen el sistema democrático A diferencia de modelos mayoritarios puros (como el estadounidense o británico), el sistema mexicano busca ser más inclusivo y proporcional. Esto es especialmente valioso en un país con alta diversidad política, cultural y social.
Críticas frecuentes… y sus matices
Algunos sectores critican a los plurinominales por considerar que no fueron “electos directamente por el pueblo”, o por el uso que hacen los partidos para colocar a figuras cercanas a las dirigencias, sin procesos democráticos internos.
Sin embargo, los expertos electorales y organismos como el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han sostenido que los plurinominales no son una distorsión del voto, sino un complemento necesario para asegurar representación democrática proporcional.
En palabras del constitucionalista Diego Valadés:
“Los plurinominales son el antídoto institucional para que el Congreso no sea rehén de una sola fuerza política. Su eliminación conduciría a un régimen más autoritario, no más democrático.”
Conclusión
Aunque imperfecto, el sistema de representación proporcional en México ha sido fundamental para la transición democrática y el equilibrio de poder. Los diputados y senadores plurinominales no solo reflejan el pluralismo político del país, sino que también actúan como un contrapeso esencial para evitar que el poder se concentre sin oposición.
Eliminar esta figura o debilitarla, advierten analistas, sería un retroceso que pondría en riesgo el carácter democrático del Congreso mexicano.