La relación entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el empresario Elon Musk ha colapsado en una serie de eventos que involucran acusaciones cruzadas, amenazas políticas, influencia electoral y consecuencias económicas. Lo que comenzó como una colaboración clave en el gobierno federal se ha transformado en una confrontación pública con ramificaciones de gran alcance.

De aliados a adversarios: el inicio del conflicto

Elon Musk asumió el cargo de “empleado especial del gobierno” al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) en enero de 2025, tras haber sido una figura clave durante la campaña republicana de 2024. Durante su gestión, impulsó una agresiva política de recorte al gasto federal, eliminando agencias como USAID y reduciendo drásticamente la nómina gubernamental. Aunque el gobierno promovió estos cambios como un ahorro de hasta 175 mil millones de dólares, organizaciones y expertos señalaron graves afectaciones en servicios esenciales y posibles irregularidades legales.

El punto de quiebre llegó cuando Musk criticó públicamente la propuesta de ley fiscal “One Big Beautiful Bill” del Partido Republicano, calificándola como “una abominación repugnante” que incrementaría el déficit y afectaría la eficiencia gubernamental. Trump respondió con molestia, insinuando que Musk estaba motivado por la pérdida de subsidios federales para Tesla.

El peso electoral de Elon Musk

En medio del conflicto, Musk subió el tono. En su red social X (antes Twitter), escribió:

“Gracias a mí, el Partido Republicano ganó la presidencia y el Congreso. Si no fuera por mi impulso en X, @realDonaldTrump no estaría en la Casa Blanca”.

El comentario, interpretado como una reafirmación de su influencia en la victoria electoral de 2024, agitó aún más los ánimos en Washington. Musk fue pieza central en la difusión de mensajes clave durante la campaña republicana, incluyendo la promoción de contenido dirigido a votantes indecisos en estados clave como Georgia, Wisconsin y Arizona.

Además, insinuó que Trump está vinculado con los archivos del caso Jeffrey Epstein:

“La razón por la que no han publicado la lista completa de Epstein es porque @realDonaldTrump está ahí. Así de simple”.

Intercambio de ataques y consecuencias

La respuesta del presidente fue tajante. Calificó a Musk como “inestable” y amenazó con cancelar todos los contratos federales que Tesla, SpaceX y otras compañías de Musk mantienen con el gobierno. Además, aliados del presidente como Steve Bannon y Marjorie Taylor Greene han sugerido investigaciones legislativas en su contra.

El propio Musk amplificó un mensaje en X que pedía la destitución de Trump por “ineficiencia y corrupción”, consolidando la ruptura definitiva.

Caída en los mercados y presión política

La pelea no quedó solo en redes sociales. Las acciones de Tesla cayeron un 14%, representando una pérdida de más de 150 mil millones de dólares en valor bursátil. Las acciones del conglomerado mediático de Trump también sufrieron una baja de 8%.

Inversionistas de ambos lados han expresado preocupación por la escalada del conflicto, temiendo un daño permanente a la imagen de las empresas y a la estabilidad política del gobierno.

Intentos de contención sin éxito

Aunque Trump intentó minimizar la disputa en declaraciones públicas, afirmando que “todo va muy bien” con Musk, se confirmó que ambos programaron una llamada privada para este viernes 6 de junio. No se ha revelado si se busca una reconciliación o simplemente cerrar filas para evitar más daño.

Un conflicto que reconfigura el poder en EE.UU.

El rompimiento entre Trump y Musk marca un hito en la relación entre poder político y tecnológico. El empresario más influyente del país y el presidente más polarizante de la era moderna han pasado de ser aliados estratégicos a enemigos públicos.

La disputa podría modificar los equilibrios de poder dentro del Partido Republicano, tensar aún más la regulación sobre redes sociales y redefinir el rol de figuras empresariales en la política nacional.