
El 2 de abril de 2025, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la implementación de aranceles recíprocos a aproximadamente 60 países, con el objetivo de equilibrar las relaciones comerciales y proteger la economía estadounidense. En una ceremonia en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, Trump firmó una orden ejecutiva que establece aranceles basados en las tasas que otros países aplican a los productos estadounidenses. Este movimiento marca un aumento significativo en las barreras comerciales de EE.UU., siendo uno de los más sustanciales en el último siglo.
Los aranceles entrarán en vigor el 3 de abril de 2025 e incluyen, entre otros, un 34% a productos provenientes de China, 35% a Vietnam, 32% a Taiwán y 20% a la Unión Europea. Sin embargo, México y Canadá quedaron exentos de estas nuevas tarifas, según lo estipulado en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Trump justificó la medida argumentando que reducirá impuestos y ayudará a disminuir la deuda nacional, denominando el anuncio como el “Día de la Liberación”. No obstante, la comunidad empresarial ha expresado preocupación por la incertidumbre que genera esta política, el impacto negativo en la confianza de los inversores y el temor a un aumento de la inflación, factores que han contribuido a una caída en el mercado de valores.
Además, el presidente impuso un arancel del 25% a las importaciones de automóviles, incluyendo partes, efectivo desde el 3 de abril. También se implementaron aranceles del 25% a las importaciones de acero y aluminio a partir del 12 de marzo, lo que provocó represalias de la Unión Europea y Canadá.
Este enfoque proteccionista ha generado críticas tanto a nivel nacional como internacional. Expertos advierten sobre posibles represalias de los países afectados y el riesgo de una guerra comercial que podría desacelerar el crecimiento económico global. A pesar de ello, Trump sostiene que estas medidas son necesarias para corregir desequilibrios comerciales y fortalecer la industria estadounidense.
La exclusión de México y Canadá de estos aranceles refleja la importancia de las relaciones comerciales dentro del T-MEC y podría indicar un esfuerzo por mantener la estabilidad económica en la región de América del Norte. Sin embargo, la comunidad internacional observa con cautela las implicaciones de estas políticas y sus posibles efectos en el comercio global.